martes, 11 de septiembre de 2012

El viejo

Lo ví, y tenía esa mirada de quienes ya han vivido; esa mirada que da la paz de la experiencia, de quienes comprenden la magnitud de las cosas y su profundidad, para diferenciar lo que vale la pena. Todo eso vi cuando lo vi.
Me acerqué y sus arrugas fueron mas notorias, la sonrisa no ayuda a la estética me dijo, y se arrugó mas con la carcajada.

Me dijo que nada es tan grande como para valer mi vida, que los amigos son importantes y no hay que pedirles mas de lo que quieran dar. Que hay cosas que son temporales y que está bien que así sea y que los amores... y vi como la vista se le perdía en el horizonte, como si por allí pasaran las caras y las estuviera viendo, los amores son particulares, propios e individuales, me dijo, y por individuales no digo solo que las personas son únicas, sino que nosotros somos únicos para las personas; que nosotros cambiamos para cada uno y quizá nunca seamos iguales...

Me dijo que dejara atrás el miedo, no previene nada y no ayuda a nada. El miedo no evita las decepciones, ni elimina la angustia, pero si puede evitar que los buenos momentos pasen por tanto andar evitando... y hablando de evitar, me dijo, que sea sincera conmigo, que comprenda que para siempre es una utopìa y que la muerte está para recordarlo. Que sienta la libertad para hacer las cosas, que las consecuencias no siempre son manejables y que es preferible que pasen por equivocarse y no por no hacer nada,

Me contó que hacía mucho no sabía del enojo, había comprendido que el daño era principalmente para él mismo y estaba dispuesto a evitarlo.. ¿y que hacer cuando no sale como quisiera? simplemente comprender que la vida sigue, hasta que termina.

Nunca supe si era un sabio o solo un viejo en sus últimos días; pero si comprendí que un día sería yo quien vería a la juventud desde arriba.. pensando que ya se darán cuenta por si mismos...

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